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Una fuente de datos inagotable

Tiempos de cambio en el pj

19/08/2016

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Similitudes y diferencias entre la primera renovación del PJ y la que ahora impulsan gobernadores e intendentes.

La primera renovación del peronismo en los años ochenta tiene, si se desea, varias semejanzas con el aggiornamiento del pj que hoy fomentan un grupo de gobernadores, legisladores e intendentes del PJ que pretenden la deskirchnerización del partido.

Con todo, además son varios los puntos de diferencia, empezando por el dato de que la actual renovación del PJ no cuenta aún con un jefe y candidato para las futuras elecciones que sea indiscutible para todos .

Cuando tiene que rememorar la formación de esa “renovación”, que tuvo en sus inicios conforme figura excluyente al dirigente bonaerense Antonio Cafiero, surge, sí, rápidamente, una ineludible coincidencia entre la situación que vivía el pj con la recuperación de la democracia y estos tiempos: en uno y otro proceso, la derrota en las urnas del PJ, tanto a nivel nacional como en provincia de Buenos Aires, resultó ser el disparador para una revitalización del partido fundado por Juan Domingo Perón.

En ese, sentido, la renovación -entendida como un cambio de metodología política-, surgió en el peronismo desde la urgencia de recobrar el poder perdido, tanto en 1983 como en 2015.

Pero ahí aparece otro costado antagónico: la primera renovación respondió principalmente a las elecciones presidenciales de 1983.

Por el contrario, esta actual transformación tiene lugar, despues del revés en las elecciones presidenciales mediante, tras más de una década de kirchnerismo como máxima expresión de poder.

Esa derrota del peronismo, con Ítalo Luder conforme candidato a presidente fue un duro golpe para el justicialismo, porque se sumaba a que Perón había muerto años antes y, seguidamente, la última dictadura cívico militar había derrocado al gobierno de Isabel Perón y llevado a fin un plan sistemático de detención y desaparición de una generación de jóvenes peronistas que iban a ser la renovación del peronismo también en el plano de las ideas.

Derrotado por la UCR y en plena crisis, el peronismo quedó en manos del compañero de fórmula de Luder, Deolindo Bittel (de la provincia del Chaco), aunque el mucho más destacado entonces era Saadi, gobernador de Catamarca, quien entonces era el jefe de bloque en el Senado de la Nación, mientras que Herminio Iglesias, , dirigía el partido en Buenos Aires.

En presencia de esa conducción férrea y por otra parte sin participación del partido, que ejercían apoyados por los gremios, se inicia la renovación de dirigentes jóvenes que tenían como principal finalidad volver al poder y reconocían que las prácticas metodológicas empleadas de esa forma por el justicialismo eran “viejas” y se vinculaban a épocas de un país sumergido en la violencia política y, en este punto, se realiza la quema del ataúd con los colores radicales en el cierre de campaña de Luder.

Varios dirigentes e intendentes emergentes comenzaron el debate

Previo a la elección legislativa de 1985, sin internas orgánicas libres en la Provincia, comenzó un debate acerca del futuro del partido y fue Cafiero, con el apoyo de los en ese momento intendentes Eduardo Duhalde (Lomas de Zamora) y Julio Carpinetti (Florencio Varela), quien se impuso y le ganó a Herminio Iglesias con una ventaja muy amplia, postulandose para el Frente de la Justicia y la Democracia y la Participación (Frejudepa), por fuera de la estructura del PJ, y usando el sello de la Democracia Cristiana.

La victoria a diputado nacional de Cafiero en la provincia de Bs As, con el respaldo de unos cuantos intendentes del conurbano bonaerense con la conducción partidaria, tiene una semejanza al inicio de este segundo proceso de renovación peronista, que ahora tiene como protagonistas centrales a los intendentes del grupo Esmeralda, un conjunto de jefes comunales bonaerenses del PJ, entre nuevos Martín Insaurralde (Lomas de Zamora) y Gabriel Katopodis (San Martín).

Desde esa victoria en el principal bastión del peronismo, la renovación estalló en el resto de las provincias y la crítica a la vieja conducción se expandió de la mano de dirigentes como Menem, De la Sota, Manzano, Bordón y Marín entre otros.

La idea principal que tenían estos rebeldes en ese tiempo era civilizar al PJ, democratizarlo, alejarlo de la litigio setentista que enfrentaba a sectores antagónicos de la derecha e izquierda peronistas; es decir, renovarle la imagen frente a la sociedad, pareciéndose al radicalismo de Alfonsín que les había ganado sin objeciones.

En tal ocasión, otra similitud entre ambos procesos es que los nuevos dirigentes se revelan contra su jefe político y lo acusan de la derrota electoral, igual como sucede ahora con Cristina Kirchner, el candidato presidencial por el FpV Daniel Scioli y el candidato a gobernador bonaerense Aníbal Fernández.

Tales renovadores no marcaban intensas diferencias ideológicas con los dirigentes tradicionales sino que más bien los cambios solían ser de formas porque la doctrina peronista de justicia social, independencia económica y soberanía política , premisas que sostenían era la misma, al menos antes de la llegada del neoliberalismo.

Se logra remarcar una última diferencia no menor con estos tiempos porque el deseo de parecerse más al partido que los derrotó los haría acercarse a la lógica que guía el actual presidente Macri, lo que pone en un sitio más incómoda ya que el radicalismo de Alfonsín no exigía un giro pleno como es la deskirchnerización del peronismo que tiene como desafío la segunda renovación.